Posted by: gabriel | 24 September 2010

“Brindis para un maestro” por Pedro Boggiani y los recuerdos de Daniel Penna

Preciosa vista de un bonito edificio escolar ( © F.Manzoni )

Sí amigos y vecinos sayaguenses, nos escribe – y es un placer – Pedro Boggiani, el vecino con nombre de calle, nos envía un saludo que reproducimos abajo y un mensaje hermosísimo dedicado a los y las maestras que tiene historia propia.
Bienvenido entonces Pedro !!!


GABRIEL y amigos del Blog, vecinos de VillaSayago.Com :
Les envío lo que podría ser mi humilde contribución en tan sentida fecha : el pasado Día del Maestro.
No sé cómo “postear”; de allí que te molesto directamente.

Esto fue escrito hace ya algunos años y leído en un homenaje Rotario al Maestro.-
( por cierto esto no implica ningún compromiso y está a lo que creas conveniente )
Abrazo.
Pedro

PD: Mi memoria está revisando apuntes y papeles.-Trato de prepararte algo de “aquellos” tiempos.- 1951 en la calle Vedia casi Propios….

BRINDIS PARA UN MAESTRO

. . .El día 16 de marzo del año 1940 yo era, como lo han sido todos ustedes, un niño de seis años de edad, recién cumplidos. . .

A las 7 de la mañana mi madre me había despertado y, sin transición alguna, me había sumergido en el agua del baño de donde salí inmaculado; salvo las imborrables pecas que habían nacido conmigo.

Encima del pantalón corto gris y la blusa verde, cayó una desconocida túnica blanca endurecida por el almidón y un enorme moño azul me fue estampado en el pecho.
Luego, con gran cuidado, bebí nerviosamente el desayuno, visiblemente incomodado por esa moña azul gigantesca; tanto, que no podía mirar mis zapatos recién lustrados.

En aquel entonces no entendí por qué mi madre, al colgar de mis hombros la cartera de cuero marrón, me miró por un instante y, con lágrimas en los ojos me besó, diciendo “bueno… ahora a portarse bien ¿eh?…”

En el camino encontré a muchos amigos del barrio embarcados en la misma odisea… Recuerdo que, contra la costumbre, ese día no caminamos por las aceras embarradas y evitamos cuidadosamente todos los charcos…

Cuando más tarde me vi sólo, sentado en el primer banco de la fila del medio en el salón de clase, sin explicarme por qué, rompí a llorar desconsoladamente. Nunca, hasta el día de hoy, he sabido por qué lloraba aquella mañana de mi primer día escolar.

De pronto, una mano muy blanca se apoyó en mi brazo y luego levantó con ternura mi cabeza. . .
Mis ojos vieron así por primera vez, en una imagen borrosa y esfumada por mis lágrimas, LA FIGURA DE UNA MAESTRA… Ella me hablaba dulcemente y me explicaba cosas que yo no comprendía. Pero de inmediato me inspiró confianza y me hizo sentir mucho mejor. Recuerdo que prometió solemnemente que yo sería su gran amigo y que iba a aprender una enormidad.

Se llamaba María Delia y, aquel día inició la serie de Marías –SANTAS DIRÍA YO- que me acompañaron sucesivamente a lo largo de seis años de Escuela Primaria.
María Rosa vino después... María Elena en tercer año… María Cora en cuarto… Inés María en quinto y nuevamente María Elena en el sexto año… Jamás podré compensarlas por todo lo que me dieron.
El día 20 de diciembre de 1945, el pecoso de aquellos años despidió diciendo adiós a su Escuela, en nombre de todos sus compañeros. –Y también lloró…

Pero esa vez sabía por qué. Al finalizar la última línea de mi discurso. Levanté la vista del papel y mis ojos se encontraron sucesivamente con los rostros de cada una de mis maestras. Y tuve la sensación de impotencia que se experimenta cuando la emoción traicionera no nos permite expresar lo que queremos, lo que sentimos profundamente: una inmensa gratitud, un inmenso amor, un enorme reconocimiento por todo lo que habíamos recibido. Esa última imagen perdura en mí por el resto de mi vida.

…Los años fueron transcurriendo… – una tarde de Sábado, cuando viajaba yo en el ómnibus urbano, metido dentro de mi orgulloso uniforme de Cadete Militar camino a mi casa, alguien me toca el hombro en forma insistente. Con gran esfuerzo giro mi cabeza venciendo la dura resistencia del collarín almidonado y, de inmediato, reconozco la mano que se apoyaba en mi hombro: ¡Era la misma de aquella mañana de 1940!… Mi maestra de primer año reconoció también, en aquel soldadito de plomo, al pecoso de aquel día. En sus ojos se leía el orgullo. Como en el escultor, cuando contempla su obra…

Su beso cariñoso y tierno llenó de sonrojo mi cara, pero inundó de satisfacción a mi espíritu. Es que la “madre de túnica blanca” aprobaba orgullosa mis pequeños éxitos estudiantiles y sentía en ellos que su obra estaba en marcha!… Sin embargo, ¿cuántos miles de escolares fueron modelados por esas manos?… Algo que nunca podré saber, es cómo una maestra puede recordar a cada uno de sus alumnos a través de los años. Creo – eso sí- que todo aquello que se hace con amor y con el alma, nunca se olvida… Es algo que nos pertenece para siempre.

Y entiendo que ése es también el sentimiento que anima a cada maestro; ese es el sentimiento que vive dentro de su alma y es lo que hace que cada uno practique la docencia como un verdadero apostolado; tesoneramente, sin pausas, enseñando y modelando al niño… LA ABEJA, TRABAJANDO EN LA COLMENA… Paciencia, perseverancia, trabajo, amor. Todo para un resultado: volcar en la sociedad jóvenes preparados para seguir las disciplinas de las ciencias y del trabajo. –Es una tarea muy dura a veces, pero es hermosa y es digna.

Nada más justo, nada más merecido y sentido, que rendir nuestro homenaje a todos aquellos a quienes tanto debemos. Y sin embargo hoy, a pesar de tantos años transcurridos, también siento la impotencia de no encontrar en la palabra la expresión de mi sentimiento, que es el de todos, hacia todos los maestros de nuestro País… ¡Nuestros maestros!…

Solamente podemos admirarlos cada vez más y decirles de nuestro apoyo y nuestro aliento para continuar en la tarea; llevando en alto la antorcha del saber, para iluminar el camino del conocimiento y la mente de cada uno de nuestros niños.

Una feliz coincidencia hace que precisamente hoy, el llorón de 1940, viva la enorme felicidad de saludar en nombre de la Rueda Rotaria, a todos los maestros. Si bien la felicidad y el júbilo a veces confunden la razón, estamos convencidos de nuestra certeza y de nuestro correcto proceder. Así lo sentimos, al asumir la representación de cientos de miles de túnicas blancas que recibieron de ellos el amor y la sabiduría.

Y en su nombre, como en el de todos nosotros, les decimos ESCRITO CON LETRAS MAYÚSCULAS, ocupando toda la hoja y encerrada la frase entre enormes signos de admiración,
¡MUCHAS… MUCHÍSIMAS GRACIAS, MAESTROS DE MI PAIS!!!…



BRINDIS PARA UN MAESTRO
Fue leído por primera vez, un miércoles anterior al 21 de septiembre del año 1968, en la reunión-cena habitual del Rotary Club y en presencia de una delegación de maestros invitados.
Posteriormente, noviembre de 1968, se imprimió por cuenta del Club una versión bajo la firma “UN ROTARIO”, que se distribuyó entre las distintas asociaciones de todo el País.

La escuela 110 recibe al poeta homenajeado, a partir de ahora será Escuela 110 'Fernán Silva Valdés' ( © VillaSayago.Com )

Ahora es Daniel Penna, quien también nos hace llegar su “fotografía” escolar.

Sabes que te encontré buscando datos del día del maestro.. y acordándome de la escuela.. vi tu comentario en cuanto a la denominación de la escuela 110 por la de Fernán Silva Valdés, si me acordaré de ello que cuando la designaron… como tal recitamos un poema de él y yo tuve la suerte de participar y recitar un pedacito del poema : La cometa

Y lo remonto y lo aflojo
hasta hacerlo tocar tierra.
Que lindas son las cometas:
Aflojale que colea!!!

Qué lindo el recuerdo de todos los nombres de las maestras que hacés .. yo egresé en el año 1967 .. cuando acá se disputaba el Campeonato Mundial de Basket en el Cilindro y fuimos con la maestra y todo 6º grado y nos ganamos la pelota que se había iniciado dicho evento.

Bueno, cuántos recuerdos.. me gustaría saber de ti, si eras de esa generación.

Sigo viviendo acá en Uruguay.. y tengo a mi familia compuesta por mi mujer que es médico y tengo 4 hijos y 4 nietos, te digo que voy a tratar de insertar algún comentario dónde tu dices, y digo tratar pues no es mi fuerte esto de la Internet pero sino te agrego algo acá y tu ves de insertarlo por mi.

Ahora estoy en el Paso del Molino , pero siempre ando en la vuelta por Sayago, a veces por paseo, otras a ver al club Sayago de basket – en el que jugué – y otras por los golpes que da la vida y nos hace llegar a la empresa de los queridos Moro, tanto Enrique como Julio.

Me acuerdo de historias del Centro Cardenal Cagliero, de los salesianos, donde íbamos a jugar al fútbol sábados y domingos, o la famosa combinación de la máquina a vapor que salía de la Estación Sayago hasta la Estación Peñarol, porque en Sayago se abrían los ramales de los trenes que iban al este y al oeste.

O el colegio de curas que estaba junto a la estación, y la disciplina que le hacían a los varones, Bueno te mando un abrazo a la distancia y a las ordenes desde acá, saludos
Daniel Penna


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