Posted by: gabriel | 14 June 2018

Javier Aspe, te busca la familia, estás por allí?

Gabriel, mi nombre es Vanessa y escribo por intermedio de un familiar que lo busca.

Javier perdió contacto justamente cuando se fue a España. Todo lo que sabemos es lo que te comenté y lo que dice en un artículo ya publicado: Javier Aspe que vivió en Montevideo hasta el 82 aproximadamente, era “porteño”, tenía una hermana y si mal no recuerdo, su familia tenía un “corralón”.

Por eso justamente escribí; para ver si alguien contaba con algún dato o foto (aunque sea vieja, o sea…..no actualizada)

Tu idea de escribir un artículo de búsqueda me parece bien!
Quizás alguien nos pueda aportar algo.

Te parece?? si él se llega a contactar con VillaSayago.Com sin dudarlo sería un éxito!!

Vanessa

En los comentarios de este posts aparece nombrado Javier:
Margarita Pérez desde Israel

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Posted by: gabriel | 7 June 2018

Triángulo de Sayago, por Daniel

Hoy Daniel Techera nos lleva a recorrer este particular entorno ferroviario de nuestro barrio, el llamado Triángulo Ferroviario, que conecta las vías de los ramales que van al norte del país – pasando por Colón – y los que van al este – pasando por la Estación Peñarol.
En medio de él, Payagúas, nuestra calle inconclusa, acaba en las vías.
Gracias Daniel por permitirnos salir a recorrerlo con tus imágenes.


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Posted by: gabriel | 3 June 2018

Un busto para “Chiquita”, por Álvaro

Avenida Sayago rumbo a Propios (© Guillermo Garrone )

Avenida Sayago rumbo a Propios (© Guillermo Garrone )

Conocí a María Antonieta Massini de Álvarez – “Chiquita” -,cuando yo tenía unos 14 años, fue cuando me enamoré de Adriana, mi esposa y amor de siempre, sabía que estudiaba piano en su casa desde pequeñita, y muchas veces la esperaba en la esquina de Av. Sayago y Elías Regules, horas….. hasta 4 ó 5 horas, no sabiendo bien cuando saldría.

Cuando aparecía le decia “qué casualidad!”, justo pasaba por aquí, y la acompañaba unas pocas calles, aprovechando a charlar y acercarme. Con el tiempo, la impaciencia me ganaba y esperaba frente a lo de “Chiquita”, o pasaba cincuenta veces para ver si veía algo a través del gran ventanal, con el tiempo “Chiquita” me contaría riendo lo atontado que me veía pasando y esperando.

Un día, comencé a atenderme con Pablo, su hijo odontólogo, y nos hicimos amigos, y me hice amigo de “Chiquita”. Iba seguido, charlábamos de sus viajes a Europa, de música, y de todo, su cuerpo erguido y sus facciones rígidas, no me impidieron descubrir a una “Chiquita” cómica y generosa.

Un dia me ofrecí a poner en marcha el “Bunker”, un viejo Opel Olimpia de 1937, me contó que lo había ido a ver bajar del puerto siendo joven, y hacía años ya no lo conducía. Fue poner gasolina, unos manijazos, a mano, a la manivela y el noble coche arrancó.

De ahí en mas, generosamente me lo prestó, pequeños mantenimientos y llevarla de vez en cuando a dar algún examen a casa de otra profesora, fue una época preciosa y llena de anécdotas, que harían muy largo este relato.

“Chiquita” era exigente, sus alumnos estudiaban y practicaban muchísimo, y sacó generaciones de alumnos brillantes, muchísimos anónimos, pero que eran impresionantes pianistas, otros famosos, como Javier Bezzato, un maestro al piano, Pablo mismo, su hijo un excelente músico.

Siempre me llamo la atención, como podía ser que en aquella sala atiborrada de jóvenes, dos pianos a la vez, alguna guitarra, otros solfeando, ella era capaz de oir que alguno se “comía” una corchea o no respetaba el compás, estaba en todo, una genia.

Aún recuerdo la magia de aquello, la sala , la mesa de madera, los pianos, la lona verde que cubría el envejecido parquet, la gran ventana ( que siempre tuvo problemas con la cortina de enrollar de madera ) me parece estar allí.

Han pasado los años, y en el 2013 en un viaje que hice a Montevideo, la volví a ver, y me emocionó mucho, estar con ella y Pablo, mis amigos.

Aquellos años que fui al Liceo 23 entre el 1977 y 1979 fueron los mas significativos en mi vida y mágicos, Sayago mi mundo. Aún recuerdo muchísimas compañeras y compañeros, y tantas cosas.

Hoy gracias al cálido espacio de VillaSayago.Com, deseaba rendirle un pequeño homenaje a “Chiquita”.

Un día le prometí – y siempre reíamos de ello -, que le haría un busto en la placita, éste, es mi recuerdo y de alguna manera el busto.

Álvaro, SX(M)desde España.


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Posted by: gabriel | 30 May 2018

Para Elisa, por Fernando

María Teresa, Archivo Fernando Manzoni

María Teresa, Archivo Fernando Manzoni.


La mañana en la que la vibración del celular me despertó anunciándome
aquella terrible y triste noticia casi no reaccioné.
Lloré en el silencio de la madrugada y me senté delante a la computadora
con los auriculares puestos, fui a Youtube y busqué una melodía:
Para Elisa de Beethoven.

La escuché una y otra vez en aquella triste mañana de diciembre entre
las montañas del norte de Italia, las notas me hacían viajar en el
tiempo haciéndome volar hacia al pasado, recorriendo Avenida Sayago
frente al Madre Ana cuando la acompañaba a sus lecciones de piano.

La maestra era Maria Antonieta y en aquel pequeño estudio habían dos pianos, mientras unos sonaban las teclas, otros hacían solfeo y la maestra, implacable y severa, no perdonaba un error, quien se equivocaba empezaba de vuelta una y otra vez hasta que la melodía no salía perfectamente.

María Teresa en clase de piano, profesora María Antonieta ( archivo F. Manzoni )

María Teresa en clase de piano, profesora María Antonieta ( archivo F. Manzoni )

Así aprendí a apreciar la música, las lindas y dulces melodías tocadas en
la casa de la maestra de piano y así aprendió también ella, Maria
Teresa, que con sus minutas manos recorría el teclado para extraer
músicas y melodías.

La esperaba sentado en el murito del patio, jugando con una rama a ser
el director de orquesta mientras desde las ventanas de lo de “la
maestra de piano” las notas invadían la avenida.
Cerraba los ojos y me imaginaba de estar en un concierto, con decenas de instrumentos y cientos de personas a escuchar en silencio, movía mi batuta y dirigía
los músicos, ellos me observaban, seguían los movimiento de mi mano
y la melodía flotaba en el aire llenándolo todo.

Esa triste mañana de diciembre cuando María Teresa se fue para siempre, cerré los ojos y dejè que mis manos dieran el ritmo, en los oídos sonaban “Para Elisa” y en mis ojos cerrados y desbordantes de llantos estaba ella, sentada delante al piano junto a la maestraMaría Antonieta que la observaba con atención…para Elisa…para
Maria Teresa…para aquellos conciertos en plena avenida Sayago en
las tardecitas del barrio…

Fernando Manzoni


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Posted by: gabriel | 26 May 2018

El recreo, por Fernando

Entrada a la Escuela 99-110 en camino Ariel

El toque de la campana anunciaba la llegada del recreo y el “ahora pueden salir en orden” nos daba el ok para salir al patio.

Si el día estaba lindo salíamos afuera, algunos organizaban un partido de voleibol en el patio grande, otros jugaban al manchado en el fondo, pero la mayoría nos juntábamos cerca del bebedero a comer nuestras meriendas, a cambiar figuritas y a hablar de cosas nuestras.

Delante a la entrada del patio interno se formaba una larga fila de niños y niñas para comprar “un pancito por dos pesos”, otros se subían al cuadrado de cemento atrás del baño para comprar una malta mientras los de quinto recorrían la escuela con la lata de galletitas dulces a un peso cada una.

Cerca de fin de año cuándo el calor empezaba a apretar nuestro punto preferido era la sombra de los olivos, donde las niñas jugaban a la rayuela y los varones a la tapadita.

Si llovía, el recreo se realizaba en el patio interno donde estábamos todos apretados y el ruido de las conversaciones y las campanillas enloquecidas de las maestras de turno creaban una atmósfera de otro mundo.

La claraboya vieja como la escuela dejaba pasar las goteras y por todo el patio encontrábamos baldes y tachos para recoger el agua que caìa desde el techo.

Cuando faltaba poco para terminar el recreo algunos de nosotros nos poníamos cerquita de la dirección esperando que saliera la directora y eligiera uno de nosotros para tocar el timbre. Nos ofrecíamos levantando la mano y en silencio como le gustaba a ella y con un dedo indicaba el afortunado que haciéndose espacio entre la multitud llegaba hasta el timbre y apoyaba el dedo delicadamente haciéndolo sonar por varios segundos.

Los últimos gritos venían sofocados por las campanilladas de las maestras y sus propios gritos invitándonos a meternos en fila, así volvíamos a las clases, uno atrás del otro con las moñas sueltas y las túnicas semiabiertas, prontos a re tomar las lecciones y esperando con ansias el día siguiente para volver a salir al recreo…

Fernando Manzoni


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Calle Quicuyo, archivo Fernando Manzoni

Calle Quicuyo, archivo Fernando Manzoni

Caminando por la calle Ariel entre el ruido de los ómnibus, los gritos de los niños que salen de la escuela o el ruido de los autos que pasan en continuación, casi sin querer se llega a una esquina donde el tiempo parece detenerse.

Un viejo cartel atado a una columna con escrito “Quicuyo” es la puerta de entrada a este túnel del tiempo y cuando se pasa por ahí es imposible no caer en la tentación de hacer este viaje extraordinario.

Sin darse vuelta se entra en Quicuyo y el mundo caótico en el que vivimos desaparece en un instante, una fila de paraísos y el canto de los benteveos junto al vuelo de los gorriones y las torcazas te conduce por el túnel del tiempo.
Hoy el asfalto ha cubierto la calle de tierra por la que jugábamos y nos divertíamos corriendo entre los árboles, los días de lluvia apenas paraba, corríamos a la calle con nuestros barquitos improvisados, algunos de madera, otros de papel, otros con pedazos de plástico, a llenar el río que se formaba en el cordón de la vereda.

Placita de Quicuyo, archivo Manzoni

Placita de Quicuyo, archivo Manzoni


Una y otra vez nuestras naves bajaban desde la placita hasta Ariel y ahí los recogíamos corriendo hasta la plaza para iniciar otra vez nuestra carrera.
No necesitábamos llamarnos, todos sabíamos que cuando parara de llover había que salir y así nos pasábamos las tardecitas con la ñata contra el vidrio esperando que dejara de diluviar para ponernos las botas de goma y correr hasta Quicuyo.
Sí, porque no era una calle así nomás, nuestra calle tenía un nombre: Quicuyo.

Paseando por este asfalto de los años modernos siento aún los gritos y las risas, escucho la pelota de goma picar contra el muro de los Duto y veo gurises treparse al eucaliptus de la placita.

Una poética vista de la plaza del barrio Jardín y las glicinas primaverales de los Dutto ( © Teresita Dutto 2011 )


Camino, me siento en una hamaca, respiro y me lleno los pulmones con el aire puro del barrio de mi infancia, a lo lejos se siente el ruido del mundo de hoy, me refugio en aquel reino de paz y tranquilidad…cierro los ojos y sonrío, corro, salto, me escondo atràs de los paraísos…vuelvo despacito al presente, caminando hacia Ariel, en la esquina me doy vuela y saludo Quicuyo, una lágrima atraviesa mi mejilla…es una mezcla de nostalgia y alegría por un mundo que fue y que no está màs o mejor dicho, un mundo que fue y sigue viviendo en cada uno de aquellos que algún día dejaron ir por la bajada en un dìa de lluvia un barquito de papel por el río del cordón de la calle Quicuyo…

Fernando Manzoni

Otras notas publicadas de Fernando:
Los Corsos de Colón
Para mañana traigan fruta
Paseos con FernandoPaseos con Fernando, hoy : el Gimnasio

Pon en el buscador “Fernando Manzoni ” y aparecerán mas notas que vale la pena volver a ver.


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Posted by: gabriel | 18 May 2018

Qué ejercicio de memoria!, nos hace Elena Piñeiro

Jardinera Escuela 110, año 1955 ( Archivo Elena Piñeiro )

Jardinera Escuela 110, año 1955 ( Archivo Elena Piñeiro )

Buenos días estimados vecinos de VillSayagoCom.
Gabriel: hoy te envío otro recuerdo y es escolar, pertenece al grupo de jardinera en la escuela 110 de camino Ariel del año1955.
Veré cómo se encuentra mi memoria ya que todos vivieron en Sayago:

De pie de izq, a derecha :
Los mellizos Iribarne ( creo Mario y Daniel ), Elena Trinidad mi vecina de apartamento de Ariel – casa de Rubén -, dos que no recuerdo y Susana Güidotti de Garzón y Danubio, Rossi ( Jorge? ), no recuerdo, sigue con trencitas Loreley Gilmet, último de pie no recuerdo.

Sentados :
Segunda : Mabel Bongol, yo Elena con 4 años, Colasa, Daniel Páiz, Silvia, las dos que no recuerdo.

Sentados en el piso :
Roberto García, el tercero que sigue Giménez y los otros no recuerdo.

Bueno creo que bastante bien porque solo tenía 4 años, ja,ja, ja……
Qué ejercicio de memoria!
Bueno espero guste esta contribución de esos años tan maravillosos.
Un abrazo a la distancia.

Elena Piñeiro


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Posted by: gabriel | 14 May 2018

El Corso de Sayago, por Fernando desde Italia

¿ Será el Tablado del Club Túnel ? ( © SergioUy 2010 )


“Carnavales eran los de antes” decían los viejos…y como yo estoy viejo digo también…carnavales como los de Sayago no hay.

El corso pasaba un día de la semana, si mal no recuerdo la alegre caravana arrancaba de Ariel y Sayago y llegaba hasta 28 de Febrero.

Cabezudos y carros alegóricos circulaban por Ariel entre dos filas de vecinos que aplaudían a su paso. Los mas chiquitos jadeábamos a los cabezudos tratando de mojarlos con nuestros pomos, que muchas veces terminaban cortados con las tijeras de los dos policías que recorrían la avenida buscándonos.

Papel picado y serpentinas llenaban el cielo de un Sayago iluminado mas de lo normal para la ocasión y si pasaba un tren en el momento que el corso circulaba por el barrio, pitaba por un buen rato saludando el barrio.

Carnavales eran los de antes, pero como los de Sayago…ninguno.


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Posted by: gabriel | 10 May 2018

Paso del Molino en la Biblioteca Nacional

Pintura que reconstruye las inmediaciones del Paso del Molino sobre el Arroyo Miguelete.

Pintura que reconstruye las inmediaciones del Paso del Molino sobre el Arroyo Miguelete.

Hace unas semanas publicamos una nota sobre una pintura que nos mostraba Paso del Molino a la altura del cruce con el Arroyo Miguelete a principios de Siglo XX o fines del XIX, hoy nos llega desde el Grupo Trenes de Uruguay, una serie de imágenes fotográficas de esta zona aproximadamente en la época datada en la pintura.
Puente ferroviario del Arroyo Miguelete, imagen de Biblioteca Nacional

Puente ferroviario del Arroyo Miguelete, imagen de Biblioteca Nacional


En las fotos vemos, el puente ferroviario y parte del hoy recuperado parque lineal, que recupera un espacio muy importante para el uso y disfrute vecinal.

Luego tenemos otra del puente del Arroyo para paso de vehículos….se aprecia una calesita, que seguramente sería el punto de encuentro de las familias con niños de la época, si no nos equivocamos el edificio de detrás, sería la Casa Salvo, sitio emblemático de la zona para compra de todo tipo de vestimenta para el hombre de campo.

Puente viario del Arroyo Miguelete en Paso del Molino, imagen de la Biblioteca Nacional

Puente viario del Arroyo Miguelete en Paso del Molino, imagen de la Biblioteca Nacional


La tercera, del Puente del Prado, es una bellísima foto….la esencia del paseo toma forma en este entorno….los viejos vecinos de las orillas del arroyo, nos cuentan que incluso en las cercanías de lo que es hoy Parque Posadas, había un recodo de la corriente de agua con arena, donde eran usuales los baños refrescantes veraniegos….

No dejarían ser de ser fotografías históricas de viejos albums si no fuera que nos imaginamos a nuestros antepasados, abuelos, muchos de ellos recién llegados al país desde lejanos países de Europa – mas lejanos aún por lo largo del viaje – paseando por estos espacios de una ciudad que tomaba forma e identidad.

Puente del Arroyo Miguelete en zona del Prado, imagen de la Biblioteca Nacional

Puente del Arroyo Miguelete en zona del Prado, imagen de la Biblioteca Nacional


El Prado es un parque paisajísticamente muy avanzado, creado por expertos venidos también de Europa, no podía ser menos, arquitectos, jardineros, ingenieros….inmigrantes – como nuestros abuelos – que nos dejaron una obra que debería ser ejemplo para continuar por esta senda, o es que no faltan mas espacios verdes en nuestro barrio?

Sayago, a pesar de ser un espacio muy poblado, posee muy pocos espacios verdes públicos, apenas una plaza, la 25 de Agosto, perdida en medio, sin tener una centralidado
o un uso vecinal intensivo, es mas un verde vecinal que un sitio de encuentro. Y no quiero olvidarme de la pequeña placita de Quicuyó, enmarcada en el Barrio Jardín, pero de diminutas dimensiones.

La placita donde generaciones han jugado – ellos – y luego lo han hecho con sus hijos.

En Barcelona, una ciudad avanzada en el tema espacios públicos, hoy hay una corriente de urbanización que lleva a disminuir los espacios destinados a vehículos y dar mas importancia a los destinados al uso peatonal, un ejemplo esto lo vemos allí en Peñarol, donde la Avenida Sayago ha sido reducida en el ancho – a la altura de las antiguas casas de los ingenieros ingleses – para dar mucha mas relevancia a las veredas.

En Sayago, pensamos que existen muchas calles con poco o casi inexistente tránsito vehicular, como para iniciar un proceso similar.

Es un déficit este, el de los espacios verdes, un tema a pensar entre todos, espacios a ganar existen.

Tú, qué opinas?


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Cumpleaños en Olazábal, fabuloso documento gráfico de Elena Piñeiro.

Cumpleaños en Olazábal, fabuloso documento gráfico de Elena Piñeiro.


Esta foto sí que es una joya.
Fue sacada en Olazábal y precisamente en tu casa.
En el apartamento de Julito Suarez su primer año de vida.
Allí se encuentran 3 hermanas de apellido Rodríguez de la calle Ariel y 3 hermanas Piñeiro de Olazábal.

La chica que está de perfil vivía en la casa de Marichal y se llama Loreley Gilmet junto con su hermanito Raulito Gilmet. Hace unos días repasando algunas publicaciones vi que escribió una chica de apellido Gilmet que vive en España, pues hace muchos años Loreley se fue justamente a este país.
Muy sonriente esta Edgardo Pereyra mi amigo del alma que nos mira desde alguna estrella y los hermanitos Burgues. Todos vecinos de Julito.

Que recuerdo maravilloso!!!….. y fue en vuestra casa de la infancia.
Un abrazo y hasta pronto con alguna otra fotito.
Elena Piñeiro


Gracias Elena por seguir compartiendo con los vecinos de VillaSayago.Com tu enorme archivo, lleno de sorpresas, imagino que tu misma te asombrarás!


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