Posted by: gabriel | 27 February 2009

Cuentos de gallegos, dos muy buenos :

[1 ) “ El del gallego almacenero “

Album de fotos en Coruña con la foto del almacén en Montevideo

Album de fotos en Coruña con la foto del almacén en Montevideo

Era un gallego como tantos,

había venido en barco – las travesías eran de casi 30 días – junto con otros tantos de “sus pagos”, dicen que los transatlánticos partían desde Vigo.
Llegó, posiblemente se conectó con otros compatriotas ya afincados un día tuvo – o atendió un almacén – .
Hasta aquí todo claro no ?

Para nuestra historia vamos a poner que vivió en Sayago, sí, está bien, vivió en Sayago.
Construyó su casita, trabajando horas y horas, se casó tuvo hijos y siguió trabajando.
Un día lo llamaron “de arriba” y para allí partió.

Muchos años después, vine yo al mundo.
Ya se imaginarán el del cuento, el gallego era mi abuelo.

De chico había algo que me llamaba la atención, que no entendía, un señor judío, claramente me daba cuenta por el acento, venía a casa, entraba como uno mas de la familia, conversaba con mi madre, se preocupaba de cómo estábamos todos y cada uno… y por supuesto ofrecía sus productos, era vendedor, de los que en alguna época hubieron, casa por casa.
Pero no era un vendedor común, ni “presionaba una venta” ni tampoco lo veía preocupado por cobrar o por definir cómo mis padres deberían pagar lo que él vendía. Era extraño.

El primer televisor nos lo vendió Don Ruben, ese era su nombre, el apellido….. no lo sé, nunca lo supe. Un día mas que intrigado le pregunté a mi madre de dónde venía la amistad con Don Ruben, como es que era “tan diferente “ a cualquier otro profesional de la venta que yo conocía, mi madre entonces me contó una historia, un “cuentito de gallegos”.

Años atrás Don Ruben, posiblemente recién arribado al país, comenzó con su trabajo puerta por puerta. Nuestro país con el correr de los años ha sido un “productor de emigrantes”, antes llegaban a nuestras costas, ahora – me incluyo – nos vamos a “tierras mas o menos extrañas”. Quiero suponer que los primeros años en una tierra extraña llegando “con una mano atrás y otra delante” no serían muy fáciles para los emigrantes de entonces, como no lo son para muchos de los uruguayos de ahora.

Pero sigamos con lo que me contaba mi madre :

un día Don Ruben recaló en la puerta de Martín Ximeno, ofreciendo su mercadería por primera vez.

Era un perfecto desconocido.
Quiso el destino
que lo atendiera mi abuelo, quien viendo su estado – famélico – le impidió seguir con su “venta”, lo hizo pasar, lo sentó a la mesa con el resto de la familia, se preocupó de que comiera ( no era una fiesta, era un día como tantos ) y luego sí, charlaron mas distendidamente y quizás hicieron negocios.

Esa era la sencilla explicación de porqué Don Ruben se convirtió en uno mas de la familia.

A mi abuelo, un gallego trabajador y humilde ( quizás también rústico ) como tantos, solo lo conocí por fotos, nunca escuché su voz, eso sí, los valores que nos dejó son mas grandes que cualquier tesoro o fortuna que nos hubiera podido legar.

En la foto que ilustra el post se ve a mis dos abuelos detrás del mostrador, con uno de mis tíos bebe, los acompañan : Pilar – con mi madre en brazos – y probablemente, el tío Félix que en ese entonces aún no se había mudado a Piriápolis.


2 ) La gallega que regresó a Coruña

La tía Pilar en Coruña al regreso de Montevideo

La tía Pilar en Coruña al regreso de Montevideo

La tía Pilar se vino a Montevideo con 15 años, 15 añitos…… salió de su aldea a unas 3 horas a pie de La Coruña, saludó a la familia y partió rumbo al otro lado del Atlántico donde estaban sus hermanos.

El cambio, me contaban sus hijos que aún viven en España, fue abismal, salía de apenas un caserío y llegaba a un Montevideo – la Suiza de América – que parecía que sería la New York de Sudamérica : se construían Facultades ( entre ellas la de Agronomía ), se instalaban mas y mas fábricas, el tren movía la producción, en fin, miles y miles de inmigrantes llenaban las calles y hacían de fuerza de trabajo, era otro mundo ( ahora también imaginarlo nos parece de otro mundo ).

La tía Pilar se hizo de la profesión de cocinera, trabajó para el Cónsul de España en Montevideo, mientras vivía con mis abuelos, posiblemente ya en Sayago.
Conoció a otro español, se hizo mujer, se casó y regresó años después a su Coruña.

Siempre estuvo y mantuvo el contacto( sobre todo con mi madre ), que entonces era tan lento, con cartas de ir y venir. Desde España añoraba sus años jóvenes en Montevideo, siempre les hablaba a sus hijos de que regresaría….. pero se iba poniendo mas viejita, ya tenía 72 !! y su familia no quería dejarla viajar.

Un día, les preguntó, mostrándoles el billete de avión, si la acompañarían al aeropuerto. Eran los años 80s.

Entonces la conocí, estuvo en mi casa, y estuvimos en casa de toda la familia con ella, se armó un gran asado con todos los gallegos vivos y su descendencia, fueron momentos inolvidables para todos.
Finalmente, regresó a España con el corazón renovado y con las historias de lo que vivió que transmitió a sus hijos.

Hace dos años, conocí a esos hijos : Clarisa ( tan viejita como la tía Pilar cuando fue a Montevideo ), “Pepe” y “Muchi”, la mas jóven ). Clarisa me contó como fueron los últimos años de la tía Pilar. Debido a una larga enfermedad, pasó en los cuidados de una residencia de ancianos, en sus últimos momentos les pedía que verificaran que su pasaporte aún estaba “en regla”, porque tenía ( decía “tenía” porque quería ver de nuevo a su familia ) que regresar a Montevideo.

Yo quiero suponer, me imagino que habrá sido así, que antes de subir al cielo – donde van los mas buenos de corazón – la tía Pilar sobrevoló Montevideo para dar un último vistazo a la ciudad que se compró su corazón.


¿ Qué historias tenés de tu familia al otro lado del océano ?, conociste a alguno ?, con quien te escribías ?


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Responses

  1. […] casados, se conocieron en el barco, ambos eran de la Coruña, pero de aldeas diferentes. Regentean un almacén en la zona de la calle Colorado, donde viven antes de mudarse definitivamente para Sayago. Mientras tenían el almacén nace mi […]

  2. Hay tantas historias desconocidas, que el leer cuentos así las hacen comunes a las propias.

    Saludos,

    Miguel


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