Posted by: gabriel | 14 March 2011

Una Historia de Villa Sayago

Sayago, vista aérea de principios de siglo XX ( © Fabián Iglesias )

Comenzando – mas vale tarde que nunca – con una serie de artículos históricos referidos a la Villa de Sayago, la señora Albertini nos hace llegar unos recortes de diario, de El País, cuando en el suplemento del domingo aparecían bajo el título “Veredas” los paseos de Ramón Mérica recorriendo Montevideo, y una vez tuvo que tocarle a Sayago, aquí reproducimos y comentamos un fragmento del material que nos llega, todos los textos en itálica corresponden al escrito que citamos.

Los descendientes de don Francisco Sayago se fueron a vivir a otros ámbitos de otros apellidos, pero hay nombres que han quedado en Sayago para no irse. Como los Moro, por ejemplo, que son encarnación e historia de la villa, sobre todo porque hicieron mucho por conectar su feudo con el resto de Montevideo.

Hay una fecha precisa del alumbramiento de Sayago: 1873, cuando Luis Girard compra a Francisco Sayago unos terrenos que se transformarían en uno de los centros poblados formados al costado de las estaciones de ferrocarril, como ocurrió con la vecina Peñarol.

Wendy, en su artículo de referencia en El Muro, anota que Luis Girard era el nombre correcto y no la derivación a Giralt que luego tomó en el noménclator municipal.

Pero continuemos con Mérica :

Al filo del Novecientos, Sayago era muy poca cosa: apenas unas setenta casas habitadas por unas trescientas personas, no había ningún establecimiento destacable salvo el modesto viñedo de los Mondino, una escuela que funcionaba en una casa particular con muy pocos alumnos, una capilla y, cosa muy importante: la estación del ferrocarril, inaugurada en 1869.

Buena referencia de lo dicho lo tenemos en la fotografía del archivo de Fabián Iglesias, donde apreciamos una Villa apenas naciente, con gran cantidad de campos cultivados y apenas un centro poblado sobre la zona de Avenida Sayago y otro en 28 de Febrero, contemos con que la fotografía aérea ya fue realizada en épocas en que el tranvía eléctrico cruzaba el barrio y pasando por el túnel de Propios corría raudo hacia Colón.

El actual cruce de la Avenida Sayago y Elías Regules, pro hombre de la villa, se llamaba barrio Garibaldi y allí se había erigido una estatua con la figura del célebre itaiiano.

Nada más. Pero por allí ya andaban los hermanos Luis y Antonio Moro con su carruaje, toda una solución para los vecinos de Sayago, Colón y Peñarol provenientes de Montevideo porque el tranvía de caballitos llegaba solamente hasta los Caminos de Castro y de Raffo. De allí, los Moro conducían a los pasajeros hasta Colón por diez centésimos y hasta Villa Colón por el doble. El crecimiento de la empresa no se hizo esperar.

Delmira AgustiniJusto desde donde en este momento el 522 cruza Camino Ariel rumbo a la Estación, partía el carruaje a la cancha de Peñarol atiborrado de hinchas y hasta con algún jugador atrasado, pero la propuesta de servicio vehicular se magnificó con traslados a fiestas familiares, bautismos y casamientos, sin contar otras muy jugosas.

“Mi abuelo llevaba a gente muy importante como Elíias Regules y la misma Delmira Agustini , que vivía en una casa ahí en la Avenida Ariel antes de llegar a Garzón”.

El recuerdo de Julio Moro Revello, 54, es tan transparente como la luz que se cuela por la ventana del Bar Adipe, en el cruce emblemático del barrio, Avenida Sayago y Camino Ariel.

1886-1986 , homenaje del Club de Leones de Sayago a Delmira Agustini en su centenario ( © 2010 Milagros Adipe )

“Ahí junto a Garzón, hay una placa y un monolito que recuerda a Delmira, porque dice que ella caminaba mucho por las calles de Sayago”.

Seguramente, Delmirita se dejaría llevar por los caminos internos de la villa, por esos jardincitos al uso británico como los que todavía perduran, como perdura casi todo un lenguaje finisecular, sobre todo en algunos gestos arquitectónicos.

Los tejados de Sacoman, las cercas de rulos de hierro sobre las que se atropellan glicinas y espumillas, los portoncitos entreabiertos no se sabe para quién, y sobre todo sus ventanucos detrás de los que no cuesta intuir la figura de La Madre desesperada por la demora de La Nena.

“En esa época, los Moro eran famosos porque llevaban a la gente de aquí, de Sayago hasta la playa de Capurro a bañarse, toda una novedad, por veinte centésimos, ida y vuelta, porque la esperaban para traerla.

Algo queda para que algún día se restaure ( © S. Estefan )

Políticamente Luis evitó el lado mas 'azul' de la preciosa construcción ( © 2010 Luis Falla )

Los tejados de Sacoman para quienes no los identifican – el tipo de teja llamada también ‘francesa’ – utilizados por ejemplo para techar las cabinas de señales, la famosa garita de Sayago también, una pequeña salita de espera única como no hay otra en toda la red de AFE.

Imaginemos la percepción de la distancia en carruajes desde Sayago a la playa Capurro, debería llevar casi una hora llegar hasta allí, contando con que no había tanto tránsito como hay hoy pero tampoco los caminos eran los mismos, apenas un afirmado sin asfalto.

Estamos trabajando en un post complementario con material aparecido en El Muro que pronto leerán, y una cronología que desde el blog amigo Soy del Saya, completará con fechas precisas los momentos mas importantes de la Villa de Sayago.


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