Posted by: gabriel | 1 June 2011

La toalla “del doctor”

Camino Ariel, casi igual que en los 60s ( © foto Guillermo Garrone )

Este es un tema apasionante, surgió espontáneamente hablando con Noelia, con quien nos llevamos unos años pero que vivió con costumbres similares a las que había en casa cuando éramos chicos y una de las pintorescas es la que yo denomino “ la toalla del doctor”.

De chico padecía de ataques de asma y bronquitis, tampoco era extraño que una gripe o un resfriado de mi hermano se me contagiara a mí o viceversa, por lo que con los fríos del invierno encima mis padres optaban por llamar al médico a casa.

Uno de los mas especiales que recuerdo fue el Dr Simón ( de quien luego conocí parte de su familia e incluso un sobrino nieto es publicista igual que yo ), quien vivía en Molinos de Raffo casi Millán, en una casa que tenía una entrada con una gran puerta de hierro con muy refinado trabajo, era la salida de los coches, pues también se entraba por un portal que estaba unos metros mas allá, con unas casas por medio si no recuerdo mal, al fondo se divisaba una preciosa casa de dos plantas, creo que aún debe estar allí.

El famosísimo doctor – médico de Casa de Galicia – manejaba una cachila Ford, de las de capota desmontable, lo que lo convertía en un verdadero personaje, conste que hablo de los años 60s, donde el parque automovilístico era mucho mas nuevo y las denominadas “cachilas” estaban en retirada.

Tampoco había tantos robos, pues introducirse en el interior de estos coches era tan fácil como estirar la mano, pero volvamos a la visita del médico a casa.

La vigilancia se establecía por rondas, mientras mi madre me cuidaba, mi padre miraba hacia la puerta para tener el momento del arribo exacto, y viceversa, pues de momentos mi madre nerviosa quería que sus ojos trajeran al médico al instante.

Al costado del paciente ( reitero, mi hermano o yo, o ambos ) en la mesita de luz, reposaban unas impecables toallas blancas, de esas que se tenían en el placard para estas situaciones de emergencia, eran las “toallas del doctor”.

La entrada a casa de Simón era casi como la de un embajador,adelante Dr, cómo le va ?”, y él marcialmente se dirigía al dormitorio, que mas o menos adivinaba por donde era.

Una vez arribado el médico al lecho de dolor, vistas las facciones del enfermo, procedía a levantarle la camiseta – ante la atenta mirada de los padres – y apoyar una de estas preciosas y esponjosas toallas en la espalda del enfermo, le decía “respire fuerte” y él procedía a auscultarlo.

Como yo estaba en cama, no puedo ser testigo del tránsito que estas prendas llevaban luego, se lavarían inmediatamente ?, mi madre las guardaría para un nuevo uso ( que no deseaba por supuesto ), lo que sí sé es que descartables no eran.

Había un aspecto mágico cuando el médico se retiraba, pues mis padres ya estaban mas tranquilos, mi madre venía a verme y reafirmarse que con la medicación que mi padre ya había salido a buscar, pronto estaría jugando nuevamente, y yo, ya estaba mejor, esto es placebo ?, no lo sé pero los médicos, los buenos, los de familia producen estos momentos especiales.

Claro, que hoy las Emergencias Móviles son mas veloces, tienen mas sofisticados aparatos y toda la parafernalia de camillas y equipos, pero….qué querés que te diga, el médico de antes tenía un “ángel” que hoy ha desaparecido.

En tu casa, había “toallas del Doctor” ?


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Responses

  1. Alguna vez me atendí con el Dr. Simón, quien atendió en Casa de Galicia hasta muy avanzada edad. Y siempre se lo vió con su “cachila” supongo que hasta que pudo manejar. Era curioso ya que en su casa sobre Molinos de Raffo también había algún coche más moderno que probablemente lo usaría alguien de su familia. Pero al Dr. siempre se lo veía en su cachila Ford. No recuerdo cuando falleció pero al menos trabajó como médico hasta los años 80, era sumamente conocido por todos los vecinos de Millán y Raffo y tengo entendido que donde hoy es la Escuela 62 “Suiza” fue su casa hace muchos años. Lo que no recuerdo es si alguna vez me puso la toalla.

  2. Wau!… Que tema apasionante, la llamada del médico..

    Son de esos rituales que se van perdiendo, porque la entrada de un médico a la casa era un ritual.

    Presentar todo como nunca, la habitación del paciente impecable, casi siempre sábanas nuevas (o las mejores de la casa) el borde de arriba (del lado del paciente) dobladito impecablemente sobre el pecho hacia adelante para que se viera el bordado de la familia que yo llegué a ver en algunas.

    El cuarto calentado a punto de sauna, la carpetita de encaje en la mesa de luz y alineados en paralelo el termómetro y una servilleta doblada, junto a un vaso de agua y las pastillas que se estuvieran usando para la contrariedad.

    En mi caso el pediatra se llamaba Flain, era un pediatra de AECN (Asociación de Empleados Civiles de la Nación) una sociedad de las buenas y desfalcada como tantas.

    El gringo era un “colorado” medio pelado de casi dos metros de altura, y se transportaba en un impecable Mercedez Benz 220 color verde oliva, pero un mago, con ese “no se qué” para hablar con los padres y convencer a un gurí de dejarse “judear” un rato.

    Tan importante como la recepción del galeno era el ritual de salida, y algo que me acuerdo hasta el día de hoy, cuando ya había terminado su labor y aclarado el tema remedios, sacaba una impecable pluma “Parker”, y las recetas.
    Esa pluma y sus años de estudio -para mí-, eran lo que les permitía separarse del resto de los mortales y comenzar a dibujar aquellos impecables “parker-glifos” que sólo lograba descifrar el farmacéutico de un plumazo.. éste comenzaba con un “mmm… a ver que tenemos por acá?”… daba un golpe de vista de medio segundo y empezaba… Gripexidal 500… , mmm esta otra… Aflojapechol 250,…. y .. ahh el infaltable y temido “CAUSALÓN” para la Fiebre!!! … ese nunca faltaba, y a uno ya le temblaba el asterisco de sólo oir aquella palabra con reminiscencias aceitosas.

    La salida!! eso.. La pregunta de orden era “Quiere pasar al baño doctor? … es por acá”…. No vaya a ser cosa que el profesional se fuera sin visitar el tan cacrosanto lugar tan impecablemente preparado como la habitación y el enfermo.

    Yo me preguntaba… por qué SIEMPRE lo hacen pasar al baño?.. será que maneja mucho?… y llega con ganas a todos lados?… ja jaaa Que recuerdos.. !!!

    Ahh y la pregunta de status.. infaltable.. “Necesita usar el teléfono doctor?”.. y éste casi siempre decía que sí, y hablaba brevísimo y tan ininteligible como escribía (creo hasta el día de hoy que es el mismo idioma), pero que yo siempre imaginaba que transmitía un “Vieja, me quedan tres y voy para casa”.

    Porque antes no había celular, y ofrecerle tal ventaja al doctor itinerante o “DE RADIO” era toda una gentileza que tenía disponible tal vez en una de cada 5 casas que visitaba, como para desaprovechar… NI BEEPERS HABÍA!!

    Y cuando se iba Flain, la casa volvía a ser la de siempre, sin toallitas, ni vasos de agua, sólo el Doctor a veces traía esa imagen de CASA IDEAL un par de veces por mes en invierno, y me liberaba de mis hermanas poniendome migas de pan entre las sábanas.

    • Qué pintura Miguel !! era así nomás, con la diferencia de que en Sayago no había bornes y nosotros no podíamos ofrecerle el uso del teléfono ( ja,ja,ja )

    • Jajajaja, tal cual, identico el tema de las toallas que sólo se usaban para que el médico oyera los bronquios y la espalda previa disculpa de manos frías.., en mi casa también se cambiaban sábanas cuando se llamaba al Dr. Guelfi, que siempre llegaba tropezando algo con su metro noventa (o será que a mí me lo parecía?).
      Es más, al médico se lo llamaba desde el teléfono de la querida vecina que supongo que eran tres en la cuadra que lo tenían y la querida Doña Eladia lo tenía a disposición del barrio y ni hablar de me familia…recuerdo que no sólo llamabamos sino que nos llamaban y ella salía por la puerta de la cocina y gritaba “Fulanaaa” te llaman.
      Una capa Doña Eladia, una abuela postiza muy querida y muy cercana..
      Me fui por las ramas, jajja todo esto para decir que yo también pertenezco a la generación de “las toallas del doctor”

  3. En casa éramos pacientes del Dr. Larrosa, y además de la toalla (blanquísima y con las iniciales de la familia bordadas a mano, trabajo de la novia cuando se preparó el ajuar- mi madre o mi abuela que se la heredó), había una cuchara de sopa del juego de cubiertos de las visitas (otra reliquia familiar) con la que el dr nos baodo un jaba la lengua para ver si la garganta estaba inflamada. Ah! y el frasco de alcohol eucaliptado, para que se limpiara las manos. Esto hacía del dr un personaje de admiración, sumado a las larguísimas esperas en las sábanas almidonadas y con el piyama reservado para esta visita, que no debía ensuciarse de sopa o cafe con leche, que mancha permanente!!!!!
    Saludos.

    • Marta !! qué pintura que hacés de las visitas del “médico de radio”, era tal cual, no podrías explicarlo mejor.

  4. A mi hermana y a mí nos atendía el Dr. García Güelfi, que vivía en Garzón casi Danubio.
    El ritual es tal cual todos lo comentaban, no faltaba la toalla blanca, bordada, impecable, el frasquito con alcohol, y la cuchara.
    Este Dr. nos atendía desde muy chicas y alguna vez en sus visttas , se “colaba” a la cocina para vichar lo que nuestra abuela estaba preparando, que supongo emanaría unos aromas muy atrayentes.
    También cuentan mis padres, que no tenía problema y venía a la hora que se lo llamara, es más, una vez vino con el pijama debajo de su sobretodo para atenderme y dejar tranquilidad en el hogar, tomándose el tiempo necesario para revisarnos y estar seguro de dejarnos ya en recuperación del problema de salud.
    Muy distinto a lo que hoy vemos.
    Muchos saludos Virginia

    • Qué maravilla Virginia !! no parece del siglo XIX ???, qué vidas pasadas…….. hoy ni nos creemos que haya sucedido tal cual lo contamos…

    • Tenés razón, García Guelfi, eso era un médico de cabecera, divino..


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