Posted by: gabriel | 9 July 2011

Carlos, de Huelva nos sigue obsequiando con sus recuerdos

Él ya estaba allí cuando llegamos, mi madre, mi hermano, la abuela Martiniana y yo.
Apenas levantaba 1,30 mts del suelo, flaco, muy flaco, con pelos largos y sin forma definida, la pobreza nos había dado el desalojado del anterior domicilio.

La casilla estaba a unos 10 metros de Él, más cerca estaba un limonero y una vieja higuera de negros higos. Pasaron muchos meses para que pudiera alcanzar su parte superior y más de dos años para que pudiera ver sus entrañas.

Con el tiempo pude averiguar que Don Manuel Fumeiro, uno de los fundadores del Barrio La Cabaña, lo había construido a principios del siglo XX. El Aljibe, decían que tenía 15 metros de profundidad, estaba revestido de ladrillos, un arco de acero soportaba una rechinante roldana, una cadena y un cubo de chapa galvanizada remataban la instalación.

No sé si pudo haberse utilizado el agua para uso alimenticio, pero cuando llegamos con mi familia el agua era salada.
Por esa razón solo se utilizaba su agua para regar las plantas, en cambio para mi era motivo de echar a volar mi imaginación.

Me pasaba horas tirando pequeñas piedras y escuchando los sonidos al choque con el agua, nunca eran iguales. Cuando el sol lo iluminaba, el cielo se miraba en sus aguas, las nubes navegaban el El.
El agua y yo fuimos amigos durante muchos años, ella me prestaba sus frescas aguas para refrescar mis refrescos caseros de agua con limón y azúcar.

Agua fresca y mansa, quieta sin transparencias, de sonidos arrancados por mis piedras, complice de mis sueños y también de mis fracasos, al intentar que las ranas que tiraba a sus aguas crecieran y croaran. Un día marché y ya no volví a ver sus agua, no era útil, por lo tanto el progreso lo sepultó. Ya nunca más el cielo se maquilló de nubes navegando.
Yo me quedé sin un amigo, sin sonidos, las ranas vivieron más.


Creéme, todo lo daría por volver una tarde a su brocal. Si hoy fuese feliz no lo sabría. Lo fui una vez y no me dí cuenta. ¿No importaba? Era eso, no importaba

Tenía el aljibe la lechoza inmensidad de lo que arde en las tardes del verano montevideano, el sol era la fiebre de las dos de la tarde, ardiendo en la rosa, quemando la piel y la piedra.

Me duele el final de aquella agua que no corría, que no hacia daño, era mansa, allí quedaron la higuera y el limonero, quizás soportando la pala que lo mató.

Desde Aljaraque-Huelva España


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Responses

  1. Muy lindo el relato del aljibe, de Carlitos de “Uerba”

    • Frank, Carlos es un gran escritor ! otro hallazgo ( en realidad nos encontró él ! ) de este barrio-virtual.

  2. Cuantos de nosotros vivimos una niñez muy parecida ? Lo leía y lo volvía a leer , sera varios de nosotros , tenemos algo de estas historias ? , de abuelos , de limoneros , higos negros, aljibes y ranas, cuantos recuerdos imborrables a pesar del tiempo. Muy bueno lo de Carlos de Huelva.


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