Posted by: gabriel | 17 July 2011

“Cuidado que está muy frío, así que cuando estén por terminar de jugar a la pelota, avisame así prendemos el calefón…” por Ernesto Tappin

La vieja fábrica de macetas de Danubio. Foto Luis Falla, 2008.

Ya no vivo mas en Sayago… Una o dos veces por mes, voy a visitar a mi viejo a la casa de la calle Danubio… La de la palmera… Invariablemente mis ojos recorren aquella cuadra y mi mente se sitúa cuarenta años atrás…

“Cuidado que está muy frío, asi que cuando estén por terminar de jugar a la pelota, avisame así prendemos el calefón…”

“Si, mamá, pero no se si hay alguien para jugar. Estoy aca afuera, ta?”

Dos rebotes de la pelota contra el muro, y el primero en aparecer desde el chalet de la esquina, es Jorgito Dosturian, con un refuerzo de pan con dulce de membrillo gritando “Pasala y quedate un rato al arco…”

Vuela el refuerzo y va a parar al cordón de la vereda. “Espera que ya vuelvo…” Y cuando regresa con la segunda porción, ya están Emilio Vuletich y Jose Luis Sablich tratando de colocarla contra el palo del arco que defiendo, hecho con pedazos de macetas de la fábrica de macetas Mamboretá, cuyos últimos restos (las chimeneas) fueron derribados hace poquito.

Vuelve Jorgito y armamos un dos contra dos que dura hasta que no damos mas.
O de lo contrario, se ve interrumpido por un pelotazo inconveniente a los cables de luz, que en esa epoca estaban pelados, y al tocarse, dejaban a oscuras a toda la cuadra.

“Titooooooooo. Te voy a cortar esa pelota en pedacitos, porque al final la culpa es tuya, ya que sos el dueño!!!” gritaba el Coco Vuletich desde el porche de su casa.
“Autoooooo…” gritábamos nosotros, en el medio de un ataque decisivo.

Y allá aparecían los un poquito mas grandes Juan Carlos Vuletich, Jorge Sablich y Viterbo Sosa con cuatro paletas, todas distintas y preguntando si alguno de nosotros tenia alguna pelotita de goma.

Revolvíamos los cajones y cambiábamos súbitamente de deporte.

Con los restos de las macetas, subiamos hasta Danubio y Reims y marcábamos las líneas de una nueva cancha.

Era mas el tiempo que perdíamos buscando la pelotita entre los crecidos pastos junto a la vía, que lo que jugábamos. pero todo era parte de lo mismo.
Amistades, desencuentros, reconciliaciones… la vida misma, no?

“Mamaaa, prendé el calefon que ya se está metiendo el sol…”

“Hasta el mes que viene, viejo… cuidame la cuadra, así volvemos con tu nieto Gabriel, y le sigo contando como era esto…

Ernesto Tappin


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Responses

  1. Ernesto!!!Me hiciste lagrimear!!que flash back en el tiempo!!
    me llevaste a mi infancia otra vez,
    te mando un gran abrazo desde méxico!leonora, de danubio 5026

  2. Hola Leonora:
    Si mal no recuerdo, tú eras la hermana de Gabriel e hija de Hilda, no es así?
    Me alegro de que mis palabras te hayan hecho recordad esos lindos momentos.
    Hace tiempo que no escribo, pero en cualquier momento retomo.
    Todo ha cambiado mucho en la cuadra.

    Beso grande, Ernesto


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