Posted by: gabriel | 21 August 2012

La famosísima Eliane Richepin, vecina del barrio

Eliane y al fondo la casa del camino Lecocq, recordada en la memoria de la profesora Tonossi. Imágenes del suplemento del Diario El Día.

Hola Gabriel y amigos del Blog VillaSayago.Com!

Mi nombre es Daniel López y vivo en Millán y Raffo, pero me interesa la historia de Montevideo en general, y en particular de mi barrio y barrios aledaños.

Estaba leyendo un viejo artículo publicado en un suplemento de El Día, que habla de Eliane Richepin, y cuando busqué información sobre ella en internet saltó el artículo escrito por la profesora Tonossi en tu blog.

Lo que yo quería saber era dónde quedaba esa casona que aparece en las fotos. Bueno, no sé si todavía estará o la habrán demolido como hicieron con la de Delmira Agustini.

Como veo que tu blog contiene interesante información sobre Sayago, te mando los escaneados del mencionado artículo. Ojalá te sea útil.

La primera foto es el encabezado de la tapa del suplemento, donde se anuncia la nota.

Te mando también la foto del artículo en general, y el texto.

En la foto quien conversa con la pianista en el interior de la casa es el Dr. Gabriel González Danrée.

Un abrazo, y a las órdenes.
Daniel López


TRANSCRIPCIÓN DE LA NOTA DEL SUPLEMENTO DEL DESAPARECIDO DIARIO EL DÍA DEL 20 DE OCTUBRE DE 1960:

Eliane encontró su lugar en el mundo y su amor en Sayago, foto del suplemento del Diario El Día de la época.

ELIANE RICHEPIN VIVE ENTRE NOSOTROS

La famosa pianista francesa se casó con un uruguayo.

Antes, era para nosotros un nombre famoso. Una figura que venía a dar un concierto, y desaparecía envuelta todavía en la emoción de los aplausos, hacia otra ciudad donde la estaban esperando con la misma impaciencia. Hoy, se trata de uno de los nuestros. El amor la trajo hasta la gran casa de Sayago, y los uruguayos estamos orgullosos de que nos pertenezca.

Eliane Richepin nació en un ambiente musical, y a los tres años tocaba con un dedo, en el piano, el preludio de Rachmaninoff que escuchara a su tía. A los cuatro le entretenía mucho ejecutar del mismo modo un acompañamiento para “Las Bodas de Fígaro”, que su madre cantaba entonces en la Opera Comique.

Era preciso hacer algo con aquella niña, y su madre la llevó al gran Falkenburg. La pequeña tocó, y después, al oírlo a él, le dio su opinión: “Tocas muy bien“.

Así se convirtió en discípula de aquel hombre, y a los once años daba su primer concierto, calurosamente recibido en París. Pero ni la madre ni el profesor querían que se convirtiera en una pianista prodigio, y le hicieron seguir largos y serios estudios. Tuvo otros grandes maestros, ganó los más altos premios dentro y fuera de Francia, como pianista y compositora.

LA MÚSICA, FORMA DE ETERNIDAD

Después de la pausa trágica de la guerra, pasada en París, negado todo arte, entre sufrimientos y horror, sus recorridas por el mundo la hicieron célebre. Era un caso sorprendente de técnica, unida a una comprensión perfecta de la música, que le llegaba desde adentro, transmitiéndola de singular manera a quienes la escuchaban.

—Yo siento el momento en que, en la sala, se establece la verdadera comunicación con el público. Si no existe una completa, no es un buen concierto, y no quedo contenta, —dice esta enamorada de su arte, y agrega: La música es una forma de la eternidad: los grandes viven siempre en la suya. Y es un vínculo entre gentes de todos los países, a las que une de una extraña manera. Uno está ante un público nuevo, y de pronto, se da cuenta de que lo conoce.

De ciudad en ciudad, de escenario en escenario, Eliane Richepin vino hasta nosotros.

Estaba en Montevideo, y una amiga la llevó a tomar el té en una hermosísima propiedad, una casa antigua rodeada de jardines y fuentes, verdadero hogar de ensueño.

Seguramente quería que supiese qué bella puede ser una de nuestras residencias de antes y no imaginó que podría llegar a convertirse en el hogar de Eliane.

UNA VISITA… Y EL AMOR

Era la casa del doctor Gabriel González Danrée, un distinguido médico siquiatra, y él estaba allí para recibirla. No se conocían, ni siquiera la había escuchado.

Los perros de la propiedad fueron el primer tema de conversación, y la manera con que él habló de ellos, impresionó a aquella mujer sensible, que también amaba mucho a los animales.

Comprendió que él tenia esa “superioridad del corazón” de que hablara Beethoven, y que, también para ella, era lo más importante del mundo. La simpatía que surgiera a primera vista, fue en aumento. Casi en seguida descubrió que él adoraba la música. Y en medio de lo que debía estar flotando en el aire, y tomando forma y vida, sucedió algo extraño y significativo.

A su llegada había visto a una gran perra que recibía mal a todo visitante, y que por cariño, y a pesar de su irascibilidad, su dueño se empeñaba en conservar. De pronto, el animal entró en el salón con uno de sus cachorros.

Salió y volvió con otro, y así los fue trayendo a todos y poniéndolos a los pies de la desconocida, la miraba como si estuviera diciéndole: “Confío en ti. Me gustas. Te acepto”.

Después el doctor González Danrée la oyó en un concierto, y deslumbrado, dijo que era la mejor pianista que escuchara. Ella lo comenta así:
—Eso era ya el amor..
.
Fechas de nuevas presentaciones en público, la obligaron a partir. Un año y medio más tarde, el doctor González Danrée llegaba a Francia, se casaban, y venían a instalarse en la maravillosa casa de Sayago.

FELIZ, EN UN MUNDO NUEVO

La vida de Eliane Richepin se transformaba. No dejaría su carrera, su música, pero no haría ya las continuas jiras, con las grandes éxitos. Y no era un sacrificio, puesto que estaba el amor, y además, como ella dice:

—En mi profesión se es internacional. Amo a mi patria, claro, sus catedrales, el aire de París, pero siento algo semejante ante la belleza de otros lugares, ante la presencia de la bondad. Se puede vivir en cualquier parte donde se encuentre un clima sentimental artístico. Y este es un pueblo latino, del que ya conocía al público inteligente, fino. Hay muchos puntos de contacto.

Así, Eliane Richepin vino a vivir aquí. Su casa, sus eucaliptos, el campo que la rodea, los aromos en flor, los verdes distintos de los árboles en el parque, y el hermoso piano, y los muebles antiguos, y las grandes salas con sus chimeneas enormes, y los perros ovejeros alemanes, y el gato persa y el mundo nuevo que la rodeaba, la hicieron feliz.

No decimos nada de la perfecta comprensión entre un hombre y una mujer que se aman, tienen corazones igualmente bondadosos, y encuentran en la música el goce supremo. Eso pertenece a una dichosa vida privada.

CREARÁ UNA BECA RICHEPIN

Eliane Richepin quiso hacer algo por nuestros futuros pianistas y dio un Curso de Interpretación y Perfeccionamiento en la Asociación de Estudiantes de Música. Desde luego, se trataba de jóvenes que cursaban estudios superiores y trabajaron con ella, como en una clase, primero cuatro meses, y al regreso de su viaje a Argentina y Chile, donde tocó en el Colón de Buenos Aires y el Municipal de Santiago, otros cuatro. Los resultados fueron magníficos, y es fácil imaginar las sensaciones de esos jóvenes estudiantes al recibir instrucción de alguien famoso, que lo sabe todo, y lo aprendió de los más grandes en su arte.

Ella dice que encontró algunos con grandes condiciones y que la tarea se desarrolló en la mejor forma. Uno de sus consejos fue éste: “Técnica sí, pero también algo más. Una fuerza síquica. Amor al arte y un equilibrio síquico y físico”.

Tiene grandes proyectos para el año próximo con sus alumnos: quiere crear una Beca Richepin, y sueña con que uno de esos jóvenes uruguayos tan bien dotados pueda participar en un concurso internacional, tocar en París, actuar en la radio, la televisión. En una palabra, hacerse conocido, y de paso, hacer conocer al Uruguay como un país que también puede producir excelentes pianistas.

Es un plan generoso, y una buena noticia. Ahora está preparándose para una jira de conciertos que abarcará varios países de Europa. Cuando haya regresado encontrará de nuevo la paz y el encanto de la casa solariega.

Estará contenta, y nosotros, también. Tendremos otra vez a una Eliane Richepin nuestra. Una mujer joven, de cabellos rubios y ojos claros, de mirada llena de dulzura y comprensión, con ese doble atractivo que no hay muchas que posean: el que da un buen físico, unido a algo que llega del alma, habla de bondad y ternura, y va directamente a la sensibilidad del que acaba de conocerla.

Adda Laguardia

Nuestro especial agradecimiento a Daniel, porque nos imaginamos que la transcripción de la nota que disfrutamos es fruto de su trabajo.
Ya queda hecha la invitación a mas contribuciones como ésta, muchas gracias vecino.
La Quinta de los Lecocq estaba ubicada mas o menos aquí, gracias a google maps ( pues no tuvimos la suerte de ingresar a los terrenos, apenas veíamos desde fuera de los gruesos muros perimetrales.


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Responses

  1. […] y Raffo que una vez te envió un viejo reportaje sobre el matrimonio Danrée-Richepine ( ver nota La famosísima pianista Eliane Richepin vecina del barrio) en su quinta de […]


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