Posted by: gabriel | 19 March 2013

“25 de diciembre de 1862 en lo de Lecocq – Camusso”, un rescate de Daniel

revista mundo uruguayoDaniel, nos rescata del olvido un estupendo artículo publicado en Mundo Uruguayo y que versa sobre la Quinta de los Lecocq. Poco a poco, surgen de las sombras del pasado pinceladas de esta aristocrática quinta, de la cual, lamentablemente, aún no disponemos de mas imágenes que las publicadas en el post sobre la pianista Richepine.

Estamos seguros que en algún sitio perdido deben estar esas imágenes – bien fotográficas o bien dibujos, al uso de la época – es un pequeño granito de arena para tener idea de la historia de esta parte del barrio, hoy monopolizada por la presencia de la refinería de Ancap.

Vayamos al material de Daniel.

Hola vecinos de VillaSayago.Com ¡ Hola Gabriel!

¿Cómo andás?
Veo por las estadísticas que publicaste, que el blog es un verdadero éxito, aún a nivel internacional. ¡Te felicito!

Soy aquel vecino de Millán y Raffo que una vez te envió un viejo reportaje sobre el matrimonio Danrée-Richepine ( ver nota La famosísima pianista Eliane Richepin vecina del barrio) en su quinta de Lecocq.

Acá te mando otro artículo referente a la quinta, que encontré esta vez en una revista “Mundo Uruguayo” de diciembre de 1942 (verano del 42, como la película).
También escaneé las fotos que lo acompañan, en caso de que decidas publicarlo, vos elegí las que quieras poner, porque son más bien de sobrinas del matrimonio dueño de casa.

Si bien la crónica tiene un “tufillo” aristocrático muy poco digerible, y está escrita al estilo de aquella época, contiene datos muy interesantes que tienen que ver con la historia del barrio y del país en general, y tiene ese encanto de las historias familiares que pasan de generación a generación, porque la autora es descendiente de la familia de los Lecocq.

Nombra la “Zanja Reyuna”, algo así como una “Línea Maginot” que atravesaba Montevideo, trazada por los portugueses para defenderse de los patriotas.
Menciona antiguas denominaciones populares de Millán y Ariel. Y nos cuenta el origen de la campana de la iglesia de Sayago.

Habla de faldas y enaguas de… ¡hasta 10 metros de ancho! Tal vez era el largo total de la tela envuelta en torno al cuerpo de la dama.
Menciona a dos señoras de apellido Lafone Quevedo, y de las dos dice que luego se casaron con Blamey. Tal vez sea un error de imprenta, o tal vez se casaron con hermanos.
Habla del dulce de mburucuyá, del cual me contaba mi madre y que algún día me gustaría probar.

El texto que acompaña a la foto del grupo familiar no menciona el nombre del caballero que aparece de pie en el centro. Pensé que tal vez fuera Don Francisco Lecocq, pero si la foto fue tomada unos años después de 1862, ya sería octogenario para ese entonces, y el de la foto no parece tan viejo, aunque tal vez sí sea él.
Bueno, Gabriel, un fuerte abrazo, y te dejo con la crónica.

Daniel López


Revista Mundo Uruguayo : Crónicas de Antaño

25 DE DICIEMBRE DE 1862 EN LO DE LECOCQ – CAMUSSO

grupo

por RENEE SARALEGUI LEINDEKAR

Hermosísima chacra del Pantanoso, propiedad de Don Francisco Lecocq y Doña Pascuala Camusso, (hoy esta chacra pertenece a la familia Danrée). Limitan la propiedad el arroyo Pantanoso por un lado y la zanja reyuna por el otro, nombre particular, espeluznante nombre, por su significado, que rompía la paz de nuestro campo, hermoso en el sol y sereno en sus atardeceres.

Bordeaban la posesión dos caminos: en esa época el camino de Ño Manuel (hoy Millán), según bautismo popular, que había tomado su nombre a raíz de la llegada de un español, que tenía por allí una pulpería; el otro camino era el “Del Médico”, el que generalmente tomaba el doctor Boggiani para hacer las visitas a los enfermos; médico de gran corazón y no menos cabeza; la unión, que hace lo perfecto, unión siempre difícil y escasa, antes como ahora. Este camino (hoy Ariel) conducía en esa mañana de un diciembre como los de hace 80 y tantos años, ardiente y sofocante.

¡Qué son 80 años para el sol! Sin embargo éste nos da veranos tibios y tienen ahora muchas veleidades sus amores de hemisferio a hemisferio. ¿Es que el hombre -tan pequeño a su lado- le ha contagiado su ser tornadizo?

Una caravana de jinetes y de carruajes corren hacia la entrada, que posee un gran portón de hierro forjado.

La casa emerge a lo lejos toda blanca; columnas fuertes; rejas en las ventanas, cubiertas de jazmines del país, fragantes y frescos; un sendero de doble hilera de álamos parte del portón hacia la casa y junto a ellos, bordeando todo el trayecto, agapantos con sus flores lilas, y malvones en su rojo llamativo; y el camino continúa, hasta morir en una gran laguna rodeada de sauces.

dosEn el corredor de grandes columnas recibe la dueña de la casa Doña Pascuala Camusso de Lecocq, “Tila” como cariñosamente la llaman en la intimidad; dulce y suave, con sus ojos azules y su cabellera rubia y sedosa; toda distinción amable y cordial; junto a ella el dueño de casa Don Francisco Lecocq, con su peculiar alegría dicharachera, pero de gran señor; y las Srtas. Elisa y Victoria Lecocq (luego casada con Brayer) plenas de sprít como su tío, y Juana Camusso (luego Sra. de Rodríguez), juventud maravillosa que poseía ese no sé qué, que constituye el mayor encanto de una personalidad femenina.

Van llegando los invitados, ellas con sus trajes amplios, de 8 a 10 mts. de ancho en las faldas, la cintura fina; los labios al natural, si acaso la más coqueta se los mordisquea nerviosamente con sus dientes jóvenes, para que la sangre corra más rápido y dé la ilusión de un rojo más vivo.

brayerY llegan… las Sras. Isabel Fornquist de Roosen, Felicia García de Zúñiga de Villegas, María Quevedo de Lafone, Goya Gómez de Oliveira, y llegan… salen de la casa en este momento la joven Sra. Casilda Orcajo de Camusso rodeada de sus pequeñas hijas y llegan… Son muchos los caballeros, todos elegidos dentro de lo más selecto del gran mundo, cada uno con su personalidad llena de valor en inteligencia, cultura y alta educación.

Se forman parejas. Se camina por las avenidas. Se hacen grupos. Alegría y bullicio, las risas y los díceres, los dimes y diretes; hacen a lo lejos el ruido de un avispero atacado, aunque aquí son ellas las atacantes. Varias niñas deliciosas y turbulentas corren ahora unas mariposas, luego se detienen a cortar flores, para luego, edad incansable, volver a reanudar sus juegos preferidos acompaña- dos de canciones ingenuas como ellas mismas. Estas niñitas son Tuly Roosen (luego Sra. de Vidal), Pascuala Camusso (más tarde Sra. de Larravide), Ana Lafone Quevedo (más tarde casada con Blamey), Carmen Camusso y Julia Lafone Quevedo (luego Sra. de Blamey).

Los caballeros en sus corceles criollos jugaron una carrera de sortijas y los triunfadores fueron premiados dos veces, por la gloria de vencer y por las manos blancas que los coronaron de flores.

En los bancos debajo de las acacias conversan varias parejas; una de ellas se mira amorosamente en los ojos. De pronto tió (no tío, así se les solía llamar a los viejos criados negros) Alberto, uno de los esclavos de color, tocó la campana que indicaba la hora del almuerzo (campana oculta entre el follaje de una acacia), y la niña embelesada con las palabras de su compañero, sorprendida dio un grito agudo (de esos que sólo sabemos darlos las mujeres) para alborozo de los otros y azoramiento de ellos. Esta campana fue donada hace algunos años, y se ve hoy en la Iglesia de Sayago.

Largas mesas con manteles de seis metros, bordados a la aguja, impolutamente blancos, con floreros llenos de flores de agapanto y a la sombra benigna de álamos centenarios.
Los comensales eran setenta, la luz hacía juegos de colores en los peinetones empinados, de carey verdadero, que sostenían las cabelleras.

La abuela de la dueña de casa Doña Francisca Ambroa de Alsina, persona que ha vivido toda la etapa colonial.

La abuela de la dueña de casa Doña Francisca Ambroa de Alsina, persona que ha vivido toda la etapa colonial.


La negra María Antonia, especialista en guindado, almendras y dulce de mburucuyá, dirigía a los otros esclavos que servían la mesa; era el tiempo triste de los esclavos, pero según dicen los recuerdos, en esa verdadera casa señorial los esclavos no eran más que de nombre; algunas eran tan cultas, que hablaban el francés a la perfección, otras bordaban flores en realce o hacían visos primorosos para las enaguas de siete metros de la amita.
Apareció en la mesa un pavo relleno humeante y apetitoso, especialidad de Apolinario, el cocinero pariente de María Antonia.

Presidían la mesa las Sras. de Lecocq y Lafone (que eran primas). El almuerzo duró largo rato, y luego de la sobremesa, se pasó a tomar el café en el corredor de baldosas blancas y negras de mármol.

Parte del elemento joven pasó a la gran sala con muebles de jacarandá tapizados de brocado granate; en el centro una mesa de ébano, una verdadera joya, que fue de Doña María Pérez Valdez, viuda de Blanco y casada luego con Don Bernardo Lecocq, padres del dueño de casa. En una pared un óleo de la Sra. María en tamaño natural. Lámparas de kerosene y estufa de mármol gris, que en el invierno llameaba con troncos de acacia.

Se improvisó el baile, se tocaba en un piano de esos antiguos (que sólo vemos en los cuentos) valses y cuadrillas, y las parejas se deslizaban al son cadencioso y fino de la música romántica de otros tiempos. Se destacaba por su graciosa elegancia la Srta. Manuelita Quevedo (luego casada con Herrera, madre del Dr. Luis Alberto de Herrera).
En un gran bols de porcelana se servía un refresco hecho por uno de los invitados, el Sr. Altgelt.

Otro grupo de jóvenes se fue hacia le laguna; junto al aljibe varias personas conversan, y se destacan entre ellas las Srtas. Marta Lafone Quevedo (luego Sra. de Tomkinson), Flora Parlser, María Engracia Parlser (luego Sra. de Carassale) por la gracia femenina particular de sus interesantes personalidades. Un poco más lejos platica incansablemente la parejita del susto, y Palomo, el perro blanco y lanudo -viejo guardián de la chacra-, la contempla socarrón.

Otro grupo se dirige hacia el criadero con su bosque de moreras, y se comenta que el dueño de casa en un viaje a Europa (viaje en barco a vela que duró mucho tiempo), llevó capullos, los hizo hilar y trajo a su dama dos magníficos cortes de género marfil, uno de ellos salpicado de aguaciles multicolores. Y se contó también, que en un gran baile al que asistió Doña Pascuala con el traje de aguaciles, éste sugirió al gran Julio Herrera y Obes más o menos estas palabras (muy oportunas por cierto): ”Se levanta viento, aguaciles a la vista”.

Era noche serena, llena de efluvios de jazmín del país, de dama de noche, de conversaciones de amor, de medias palabras, de palabras no dichas, de miradas, que son a veces más que palabras. Casi a media noche se empezaron a encender las luces de los coches; y después la despedida y el efusivo apretar de manos, que daba las gracias por el estupendo día de fiesta.

Ha pasado cerca de un siglo, y se vuelve a evocar una lejana Navidad, una auténtica Navidad porque era una fecha de paz (sin la actual amargura de la guerra) que nos habla de la galanura y fineza de nuestro gran mundo de antaño.

Los dueños de casa no tuvieron hijos, de modo que las personas de los retratos son sobrinas de diferentes generaciones.


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Responses

  1. Muy interesante relato, maravilloso, Camino del Médico, acá descubrimos de donde viene el nombre de una de las calles de nuestro barrio Pedro Boggiani, ademas me parece que la Sra. Camusso – después esposa de Rodríguez- ,no sea otra que la madre del fallecido legislador Rodriguez Camusso, la historia de nuestro Montevideo, está en las calles que todos recorremos o recorrimos en nuestra vida, solo hace falta elementos para descubrirla.

    Un fraternal abrazo El luicho

    • Luicho, solo falta alguien que recuerde – o tenga la información – para enterarnos que quizás el conocido “Pancho” Rodríguez Camusso pasó parte de su infancia en el barrio….Conocés alguna biografía de este conocido político ?

      Te aseguro que son todos hechos que vamos “tejiendo poco a poco, también desconocía la denominación “Camino del Médico” que poseía Millán antes de serlo con la denominación actual.

  2. Conozco bien la historia, Pascuala Camusso de Larravide, esta la foto de su cara, fue mi bisabuela…. y claro guardo esas fotos todavia… no se hasta cuando ¡¡¡¡¡¡¡

    • Beatriz, qué alegría que nos escribas….podrás scanear alguna de las fotos que tengas de la Quinta de Lecocq? Sería estupendo poder publicar algo de primera mano. Todo lo que tengas lo envías al mail de contacto del blog, desde ya estaremos todos muy agradecidos…


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